Juan de Espina y la misteriosa casa de las maravillas del siglo XVII
Un mes más vuelvo a los micrófonos de Pasaporte Historia (Pasaporte a Ignotia), el programa presentado por Javi Rando, abriendo las puertas de mi particular gabinete de curiosidades. Para esta ocasión, y continuando con nuestra selección de personajes insólitos, he querido rescatar la extravagante vida de Juan de Espina y Velasco (1568–1642) y el gran misterio que rodeaba a su vivienda en el Madrid del Siglo de Oro.
Ubicada en la calle de la Ternera, muy cerca de la actual calle Preciados, su residencia albergaba un legendario hogar en el que se custodiaban todo tipo de obras de arte, artilugios mecánicos, armas singulares, libros raros y secretos de lo más variopintos que maravillaron a la sociedad de la época.
El origen de la fascinación por un coleccionista desconocido
El primer contacto con la historia de Juan de Espina me llegó de forma totalmente casual hace unos meses, escuchando una conferencia en YouTube impartida por el investigador José Ramón Marcaida. En ella se abordaba la vida de este personaje y, en concreto, el enigma de la conocida como silla mundi, un artilugio rodeado de secretos que implicaba la fascinante presencia de autómatas en la propia casa de nuestro protagonista.
Aquel hallazgo despertó de inmediato mi curiosidad. Quiero agradecer enormemente a José Ramón Marcaida por facilitarme amablemente su libro Arte y Ciencia en el Barroco español, cuyas páginas dedicadas a Juan de Espina fueron pieza fundamental para redactar y estructurar el guion de este episodio.
Un gabinete de curiosidades entre el arte, la ciencia y la magia
En una época a medio camino entre la superstición y el nacimiento de la ciencia moderna, la casa de Juan de Espina se convirtió en un verdadero Gabinete de Curiosidades o Wunderkammer, un punto de peregrinación obligada para nobles, embajadores, intelectuales e incluso el propio rey Felipe IV.
Entrar en su residencia suponía cruzar el umbral hacia un espacio teatral donde el límite entre el arte y la naturaleza quedaba totalmente difuminado. Entre los inventarios de la época sabemos que su colección custodiaba:
- Manuscritos e incunables únicos: Poseía mapas singulares, tratados de alquimia, astrología y libros prohibidos. Su biblioteca guardaba, entre otros tesoros, los cuadernos originales de Leonardo da Vinci conocidos hoy como los Códices Madrid I y II.
- Instrumentos científicos y de óptica: Astrolabios, esferas armilares, microscopios primigenios, lentes y espejos cóncavos capaces de proyectar sombras e ilusiones ópticas que dejaban perplejos a los visitantes.
- Armas, minerales y piezas exóticas: Objetos traídos de las Indias y Oriente, cuernos de narval vendidos como cuernos de unicornio, piedras raras y piezas quirúrgicas singulares.
Los autómatas y los mecanismos prodigiosos
Lo que verdaderamente elevó a Juan de Espina a la categoría de mito urbano en el Madrid del Barroco fue su fascinación por la mecánica y los autómatas. En un siglo donde cualquier ingenio mecánico avanzado rozaba la sospecha de nigromancia, Espina diseñó e integró dispositivos hidráulicos, muelles y engranajes dentro del mobiliario de su hogar.
Se contaba que en los banquetes ofrecidos en su casa las puertas se abrían solas y los platos o las jarras de vino aparecían sobre la mesa movidos por complejos mecanismos ocultos bajo el suelo o tras los muros, simulando la presencia de criados invisibles. Excelente arpista y melómano, construyó también cajas de música y figuras mecánicas capaces de emitir sonidos o mover las extremidades al ritmo de composiciones musicales.
La célebre silla mundi citada en las crónicas simbolizaba esa búsqueda del micromundo controlado: asientos y muebles dotados de resortes secretos que reaccionaban al peso de los invitados o desplegaban maquetas representativas del cosmos y las fuerzas naturales.
La Inquisición y el mito popular
Tanta era la admiración y la perplejidad que causaban estos ingenios que el pueblo llano de Madrid atribuía sus inventos a pactos diabólicos, afirmándose popularmente que Espina «tenía al demonio encerrado en su casa».
A pesar de las constantes denuncias anónimas y del escrutinio del Santo Oficio de la Inquisición, Juan de Espina nunca fue condenado. Su vasta cultura, su astucia legal, su condición de hidalgo y la protección de altos miembros de la corte lo mantuvieron a salvo. Él mismo se encargaba de explicar a los inquisidores la física y la mecánica detrás de sus trucos, desmitificando la supuesta magia para convertirla en demostración de ciencia experimental.
Al morir en 1642 sin descendencia directa, donó gran parte de sus colecciones e instrumentos a la Corona española, garantizando que el legado de uno de los mayores coleccionistas y visionarios del Barroco permaneciera ligado a nuestra historia.
Recomendaciones para profundizar en el Barroco español
Para quienes queráis indagar un poco más en la figura de Juan de Espina, la ciencia y el coleccionismo del siglo XVII, os dejo un par de lecturas imprescindibles:
- Arte y ciencia en el barroco español, de José Ramón Marcaida (editado por Marcial Pons), la obra de referencia que dio origen a este programa.
- El camarín del desengaño. Juan de Espina, coleccionista y curioso del siglo XVII, de Pedro Reula (editado por Editorial Confluencias), un ensayo reciente centrado por completo en la figura del coleccionista.
Además, si os apasionan este tipo de personajes fascinantes y poco conocidos que desafiaron a su tiempo, podéis encontrar muchos otros ejemplos singulares entre las páginas de Héroes secretos de la historia de España.
Escucha el episodio completo
Puedes escuchar la charla completa sobre Juan de Espina en el reproductor de iVoox al inicio de esta entrada. ¡No olvides suscribirte al canal para no perderte las próximas entregas de Pasaporte a Ignotia!







