Catalina de Erauso: La Monja Alférez que desafió al Siglo de Oro
Un mes más vuelvo a los micrófonos de Pasaporte a Ignotia, el espacio presentado por Javi Rando para desentrañar las claves de las grandes aventuras y epopeyas menos conocidas de nuestro pasado. En esta quinta entrega de mi colaboración mensual exploramos una de las biografías más complejas, fascinantes y duras de la España del Siglo de Oro: la vida de Catalina de Erauso, popularmente conocida como la Monja Alférez.
Una figura transgresora que rechazó el destino que la sociedad de su época le tenía reservado, asumió la identidad de Francisco de Loyola y, más tarde, la de Antonio de Erauso, combatiendo como soldado alférez al otro lado del Atlántico.
De la clausura en San Sebastián a las selvas del Nuevo Mundo
Nacida en San Sebastián hacia 1592 en el seno de una familia acomodada de la hidalguía vasca, Catalina fue ingresada a muy temprana edad en el convento de las dominicas de San Bartolomé. Sin embargo, su carácter indómito chocó frontalmente con la disciplina monástica. A los quince años, tras una disputa con una monja, logró hacerse con las llaves del convento, se escapó y se internó en un bosque cercano donde transformó sus hábitos en ropajes masculinos.
A partir de ese momento adoptó una identidad de hombre y comenzó una peregrinación por diversas ciudades de la Península antes de dar el salto a las Indias. Tras embarcarse con destino a América, se alistó en las tropas españolas en el virreinato del Perú y participó activamente en la encarnizada Guerra de Arauco, en el actual Chile.
Espada, violencia y el grado de alférez
En el frente americano, Antonio de Erauso destacó rápidamente por su destreza militar, su manejo extraordinario de las armas y una valentía en combate que rayaba en la temeridad. En la batalla de Valdivia, tras la caída de sus mandos, logró recuperar la bandera de su compañía de manos de los guerreros mapuches, hazaña por la cual fue ascendida al grado de alférez.
Sin embargo, la trayectoria de Erauso no estuvo exenta de sombras. Su propia autobiografía retrata a un personaje de perfil sumamente violento, impulsivo y pendenciero. Involucrado en constantes duelos, riñas de juego y trifulcas de taberna, llegó a reconocer el asesinato de más de una docena de hombres en lances de honor, incluidos trágicos lances a oscuras donde mató sin saberlo a su propio hermano, el capitán Miguel de Erauso.
El revelado de su secreto y la bendición del Vaticano
Tras años de huidas, encarcelamientos y condenas a muerte de las que lograba escapar milagrosamente, la justicia terminó por acorralarlo en Guamanga (Perú). Para evitar la ejecución, pidió confesión ante el obispo Agustín de Ugarte y reveló su gran secreto: era biológicamente una mujer y había mantenido la virginidad durante toda su vida de soldado.
Tras ser examinada por matronas que confirmaron su relato, el caso causó un estupor colosal a ambos lados del Atlántico. Al regresar a Europa, su fama le precedía:
- El rey Felipe IV lo recibió en la Corte, admiró sus servicios militares en las Indias y le concedió una pensión vitalicia con el rango militar de alférez.
- El papa Urbano VIII le otorgó una audiencia privada en Roma y le concedió una dispensa papal insólita: la autorización oficial para vestir ropas masculinas y utilizar legalmente el nombre de Antonio de Erauso por el resto de sus días.
Tras su periplo europeo, regresó a Nueva España (México) trabajando como arriero con sus propios rebaños hasta su fallecimiento en Cuetlaxtla hacia 1650, dejando tras de sí una de las vidas más singulares y controvertidas de la historia universal.
Escucha el episodio completo
Puedes escuchar el repaso detallado a su autobiografía en el reproductor de iVoox ubicado al inicio de esta entrada. ¡No olvides suscribirte a Pasaporte a Ignotia para no perderte las próximas biografías e historias fascinantes!







